Y como si todo lo que está pasando el pueblo de Cuba fuera poco, apareció Oscar, un huracán que tocó la zona más oriental de la isla con vientos máximos sostenidos de hasta 130 km por hora.
A pesar de que un rato más tarde, la intensidad de los vientos fue disminuyendo, Oscar se ha ido moviendo al Este del territorio insular, convirtiéndose en tormenta tropical y dejando detrás fuertes lluvias, chubascos y tormentas eléctricas con hasta 92 litros por metro cuadrado en la estación de Punta de Maisí y 76,7 litros en Baracoa, según el último informe del Instituto Meteorológico (Insmet) de Cuba.
Es justo señalar, que Oscar, a medida que recorre la isla, también deja detrás más destrucción, más escasez, más miseria, más desilusión y más desesperanza de la que ya tienen los sufridos cubanos, hastiados de tener que “resistir” y de aguantar tantas limitaciones.
Se apaga las últimas luces de una revolución estática
Si señores, La llegada del huracán Oscar (a quien nadie convidó a la fiesta de la miseria) ocurre en medio de una fuerte crisis eléctrica en la isla, que ha dejado a la mayoría de sus habitantes sin luz por fallas sucesivas en el sistema en los últimos tres días.
La dictadura de Cuba ha declarado que el servicio eléctrico volverá a su normalidad mayormente en la noche del lunes, aunque habrá usuarios que no tendrán luz hasta el martes, pero todo el que conoce verdaderamente el historial de justificaciones y pretextos de un desgobierno, que 65 años después, no ha producido, no ha construido, no ha generado y no ha edificado ABSOLUTAMENTE NADA, sabe que estas declaraciones son poco creíbles y muy poco probables.
Desde el viernes pasado, el sistema eléctrico de la isla colapsó completamente, dejando sin energía a 10 millones de cubanos y poniendo en pausa indefinida al país completo, incluyendo servicios elementales como la elaboración de alimentos, su distribución y una larga lista de etc. El sábado, el suministro se restableció parcialmente en algunas zonas, pero en horas de la noche, para desgracia de los cubanos de a pie, volvió a colapsar.
¿Causas del colapso? La misma retórica de siempre
El insípido e impopular, Miguel Diaz Canel, designado “presidente” por la cúpula castrense que sostiene a la isla en un puño de hierro desde hace casi 66 años, esgrimió el sempiterno pretexto de siempre, el “bloqueo del enemigo imperialista”.
«A veces la gente se cree que no, que esto es la ineficiencia, que esto es que no se quiere (reparar), que se quiere molestar a la gente. Hoy nosotros tenemos dos problemas: uno, que no tenemos el combustible que necesitamos, y otro, que no hemos podido hacer las reparaciones», afirmó Díaz-Canel el viernes en su red social X.
«Todo eso pasa por divisas. Divisas que no tenemos por la persecución financiera, y combustible que no tenemos por la persecución energética. Y es el bloqueo, el bloqueo recrudecido de estos tiempos», agregó.
La verdad absoluta
¿La verdad?, bueno, la verdad salta a la vista, UN SISTEMA FALLIDO, un sistema político que estancó en el tiempo a la otrora próspera isla del Caribe, una nación en vías de desarrollo, mutilada por un proceso social que desvió su curso hacia las turbias aguas de la Guerra Fría, condenando a su pueblo a la ineficacia, a la degradación moral, a la persecución política y religiosa, a la represión, a la chivatería barata, al parasitismo, a la enajenación social y a la miseria más absoluta.
Un sistema que puede comerciar con otros países (no solo Estados Unidos), pero que incumple sus pagos, que engaña, que transpira una clara inseguridad jurídica a toda actividad comercial y que genera una pésima reputación, características estas, que cada vez reciben más rechazo a nivel mundial, alejando de manera exponencial a la inversión extranjera de toda posibilidad evolutiva en la isla de Cuba.
Un sistema que no produce, ni deja producir, que no construye, ni deja construir, un sistema dirigido por una cúpula de desalmados y geriátricos individuos que piden sacrificios mientras invierten todo el dinero espoliado a la isla en sus propios intereses, empresas y compañías que sus familiares y testaferros tienen diseminadas por todo el mundo.
Mientras ellos se dan la gran vida y aprietan cada vez más la soga, mientras a ellos y a sus acólitos no les falta nada, mientras lo justifican todo en vez de hablar de su ineficacia, el pueblo de Cuba sangra por sus heridas, supura dolor, hambre y necesidad y pide a gritos un cambio radical de sistema, PIDE A GRITOS LIBERTAD… CUBA PA’LA CALLE.


