Los servicios especiales ucranianos han estado atentando de manera selectiva contra altos cargos del ejército y la industria armamentística rusa en los últimos días, pero esta vez han dado un paso “al infinito y más allá” en la guerra de desgaste de casi tres años contra el Kremlin.
El objetivo fue Igor Kirillov –jefe de las Fuerzas de Defensa Nuclear, Biológica y Química (NBQ)– quien salía de un bloque de viviendas a primera hora del martes cuando un artefacto oculto en un scootereléctrico explotó a su paso, según informó el Comité de Investigación ruso, organismo que ha calificado el atentado contra Kirillov como un “acto terrorista”.
Reivindicación del ataque
Una fuente de seguridad de Kiev, reivindico el atentado y dijo a Reuters y a la agencia de noticias AFP que Kirillov era «un objetivo legítimo, un criminal de guerra que dio órdenes de utilizar armas químicas prohibidas contra el ejército ucraniano».
Ya este lunes, el servicio secreto ucraniano (SBU) lo había acusado de ser el «responsable del uso masivo de armas químicas prohibidas». Según el aparato de inteligencia, Rusia utilizó armas químicas más de 4.800 veces bajo la dirección del general, acusaciones que; por supuesto; son rechazadas por el gobierno de Putin.
Los detalles del ataque
Según la agencia de noticias estatal rusa Tass, el artefacto explosivo que terminó con la vida del general Kirillov, fue activado desde la distancia. La explosión tuvo lugar en el sudeste de la capital rusa, a unos 6,5 kilómetros del Kremlin.
Las imágenes del lugar de los hechos muestran la entrada de un edificio gravemente dañada, con marcas de quemaduras en las paredes y varias ventanas reventadas. También podían verse dos bolsas con cadáveres en la calle, el de Kirillov y el de su asistente.
Investigadores, expertos forenses y servicios operativos están trabajando en el lugar de los hechos, que según el corresponsal en Rusia de la BBC, Steve Rosenberg, «se trata de una zona residencial normal y corriente del sudeste de Moscú, un bloque de apartamentos típico. Los residentes están completamente conmocionados por lo ocurrido».
La agencia Tass asegura que la bomba que mató al general de 54 años y a su asistente en la avenida Ryazansky podría haber contenido unos 300 gramos de material explosivo.


