Timberwolves forzan juego 7

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Timberwolves forzan juego 7

Hace dos días, Nikola Jokic parecía imparable. Hoy, la defensa de los Timberwolves se muestra impenetrable, como si estuviera diseñada para resistir cualquier ataque, incluso de un pívot serbio. Así es la NBA y así son los playoffs. En tres días, el panorama podría cambiar por completo.

En este momento, los Timberwolves dominan con sus colores blanco y azul, llegando al Game 6 con la urgencia de un equipo que solo puede ganar. Jugaron con la desesperación de quien no tiene margen de error, con el hambre del necesitado y la ferocidad del que ansía la victoria. Revivieron la intensidad del Game 2, ahogando y asfixiando a sus oponentes mientras volaban en la cancha cada vez que recuperaban el balón. Esta vez, fueron más allá porque la necesidad de enviar un mensaje era mayor. No se detuvieron hasta alcanzar un contundente 115-70, asegurando un Game 7, demostrando que los campeones defensores también son humanos.

Del 2-9 a la paliza

Los Nuggets comenzaron bien, rápidos en transición y aprovechando los errores ofensivos de sus rivales, logrando un parcial de 2-9 que prometía optimismo. Pero entonces, los Timberwolves se transformaron y comenzó la carnicería. Minnesota incrementó la intensidad y presión, acelerando el ritmo para sumergir a Denver en un caos en el que se sintieron más cómodos. Los Nuggets se precipitaron, tomaron decisiones erróneas y su habitual orden ofensivo desapareció. Los Timberwolves, por el contrario, volaban con el balón y sabían exactamente cómo y dónde atacar. Con un parcial de 20-0, cambiaron drásticamente el juego, y esto solo fue el comienzo.

Rara vez se ve a los Nuggets tan desorientados como en esta madrugada. Chris Finch diseñó una estrategia para neutralizar a Nikola Jokic, enviando un dos contra uno cada vez que recibía el balón en el poste, obligándolo a jugar más lejos del aro y a tomar tiros lejanos, una situación más cómoda para la defensa. Ni Jokic ni sus compañeros supieron cómo contrarrestar esta táctica.

Dominio ofensivo y defensivo

En ataque, Minnesota fue igualmente dominante y variado, sin depender únicamente de un Anthony Edwards estelar. Edwards, con 27 puntos, fue el máximo anotador, pero no el único en destacar. Jaden McDaniels, criticado por su poca contribución ofensiva, respondió con 21 puntos. Mike Conley, cuya ausencia se notó en el Game 5, volvió a demostrar su eficacia. Karl-Anthony Towns, aunque no tan acertado, brilló en el rebote ofensivo. Rudy Gobert cumplió bajo el aro y Nickeil Alexander-Walker mostró su habilidad como tirador. Así, la diferencia en el marcador creció y creció hasta que los Nuggets, un equipo capaz de todo, tuvieron que aceptar que los últimos 10 minutos de juego ya no importaban.

Sin embargo, la euforia en Mineápolis debe ser medida porque lo más difícil aún está por venir. Ganar un Game 7 en el Ball Arena será una misión complicada, pero después de una noche como esta, los Timberwolves tienen razones para creer en sus posibilidades. Esta serie es una prueba viviente de cómo pueden cambiar las eliminatorias en cuestión de días. Los de Finch harían bien en no olvidarlo.

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